La historia de Katerín, de Minerva...y la mia
Mi historia comienza con una visita que hicimos unas compañeras de estudio y yo al Instituto de los Servicios Educacionales “SERN” ubicado en el sector Santa Rosa, Municipio Trujillo, estado Trujillo, en una actividad de Autodesarrollo Social. Este Instituto presta atención a niños con desnutrición y maltrato físico y psicológico.
Tuve la oportunidad de conocer allí a Katerín, una pequeña de cuatro años. Ella se encontraba ya recuperada de una desnutrición moderada, su cuerpecito mostraba con cicatrices el maltrato físico al que fue sometida por sus progenitores.
Katerín es ciega del ojo izquierdo, presenta una catarata congénita total, con posterior estrabismo, como consecuencia de haber nacido en un parto extrahospitalario sin atención médica. Esta catarata sólo puede ser corregida con una intervención quirúrgica que remueve la catarata y coloca un lente intraocular.
No me imaginaba la historia detrás de la niña. ¡Quiso el destino que yo la supiera!
En el grupo que realizó la visita, iba Minerva. Días después ella me pide que la acompañe al Tribunal de Protección del Menor. Me alegré mucho cuando la escuché decir que quería adoptar a Katerín.
Fuimos a ese sitio unas cinco veces más. En cada visita Minerva llevaba unos requisitos que en la visita anterior le habían pedido.
Paralelamente a esto, Minerva, su hija Celina y yo, visitábamos a Katerín en el Instituto. ¡Que gusto ver su carita feliz al vernos llegar! Nunca llegamos con las manos vacías: una chupeta, una manzana, unos creyones, una muñeca, en fin..., cada regalo producía una pequeña sonrisa que era más de lo esperado porque Katerín era muy tímida, muy introvertida. Ver un destello de luz en sus ojitos era una gran conquista.
Celina rompía el hielo, jugaba con ella, le leía cuentos, jugaban la ronda, hacían cosas de niñas, mientras Minerva y yo sólo observábamos. Así pasó un mes, entre visitas al tribunal y visitas a Katerín.
Descubrimos la historia triste de Katerín a través de rastreos de los sitios donde había vivido la niña, con testimonios tomados de personas que la conocían, con algunas actas que están en la oficina del Consejo de Protección del Niño, Niña y Adolescentes y con los expedientes del Tribunal de Menores.
No tenía partida de nacimiento. Había sido maltratada físicamente por su padrastro varias veces, según consta en actas de la oficina del Consejo de Protección del Menor, y por si esto fuese poco, había sido abandonada junto a sus cinco hermanos en el “Relleno Sanitario” ubicado en el sector Jiménez, municipio Pampanito, estado Trujillo. Allí la consiguen funcionarios del Estado. Las autoridades llamaron a sus familiares maternos y paternos para entregarles a los niños. Sólo una tía materna recibió al menor de los varones, los otros no tuvieron dolientes ni nadie que quisiese hacerse responsable de ellos. Aquí, con apenas dos años se inicia el sufrimiento de Katerín, que queda en manos del Estado, sin familia.
Al mes de estar visitando a Katerín, y una vez cumplidos todos los requisitos exigidos por el Tribunal, Minerva me llama un día para ir a buscarla. Nos la entregan entre lágrimas y besos y sin nada. Tuvimos que llevarle ropa y zapatos para podérnosla llevar. Para dar con la identidad de Katerín visitamos el hospital de Trujillo, el Seguro Social, los ambulatorios de Flor de Patria y Pampán, donde ella era concida porque deambulaba las calles, tanto de día como de noche acompañada en ocasiones por la misericordia de algunos vecinos que, con permiso de la Consejera de Protección al Menor, se la llevaban a pasar una noche “bajo techo seguro y con la barriguita llena”, pero era sólo eso, una noche. Recorrimos también los ambulatorios de Pampanito, Pampanito II, Butaque, Monay y por fin en el de Jiménez conseguimos a una enfermera que recordaba un caso de un parto extrahospitalario ocurrido en el sector en el año 2000. Con esta información acudimos al departamento de Epidemiología de la Sanidad de Trujillo a buscar en los archivos de nacimientos vivos. Allí apareció la constancia de nacimiento de Katerín “Hernández”. Con esta constancia, la juez emitió una orden para el Registro de Pampanito II, en la Alcaldía de Pampanito. Allí Minerva y yo le dimos IDENTIDAD a Katerín, digo le dimos porque yo fui testigo de este acto, mi nombre aparece en esa partida de nacimiento y me siento muy feliz por eso.
Con la partida de nacimiento en la mano, el segundo paso fue inscribirla en la escuela porque ya podía estudiar. La inscribimos en el Jardín de Infancia “Rosario Almarza”.
Atrás ha quedado su sufrimiento. Me imagino los días y las noches que pudo haber pasado en medio de basura, soledad, perros y zamuros. Imagino también sus experiencias en las calles, ¿cómo dormiría?, ¿qué comería?.
Al lado de Minerva ya celebró su primer cumpleaños con sus compañeros de escuela, sus hermanos sustitutos y yo. Ya celebró también su primera navidad, ya recibió sus primeros regalos del niño Jesús. Tiene un cuarto rosado con muchas flores, tiene su cama, sus muñecas y lo más importante una “familia sustituta” como la llama el Estado. Por lo que he observado, ahora vive feliz.
Viajó a Cuba con Minerva para ser operada a través de la Misión Milagros, pero no fue intervenida, aún espera por eso.
Vivo, cuando visito a Minerva, las alegrías, las ilusiones y las esperanzas de una niña que ahora mira a la vida de otra manera. Vivo ese destello de luz que apareció en sus ojos el día que la buscamos en la “casita azul”, como bautizamos al instituto en nuestra actividad de autodesarrollo. Vivo ese destello que espero no ver desaparecer jamás de sus ojos.
Ahora forma parte de una familia que la quiere, escucho sus carcajadas que ya silenciaron la timidez y la tristeza del maltrato sufrido.
Cuento esta historia porque me agradó ser parte de esta vivencia donde me acerqué un poco más a los valores humanos al descubrir personas que ven más allá de lo obvio y hacen suyos los problemas sociales. También descubrí que como estudiantes somos sensibles ante la problemática social y que entre los compañeros del día a día hay personas que a veces nos sorprenden con sus acciones solidarias y nos dan lecciones.
Aprendí que no vamos a la Universidad sólo a buscar un título. Si fuese así, tendríamos una experiencia universitaria parcial o hasta mediocre. En la Universidad aprendemos no sólo en las aulas, sino en el diario compartir con nuestros profesores y compañeros.
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