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El jabón de Mamá Chiquita, por Yoamary Daboín

El jabón de Mamá Chiquita, por Yoamary Daboín

 El día viernes veinte de enero de dos mil seis, me trasladé hacia el Municipio Carache en el Cerro San Juan, a la casa de la señora Águeda María Luque viuda de Valera conocida cariñosamente como “Mamá Chiquita” con el propósito de recolectar información acerca de la preparación y elaboración de un jabón antibacterial.  La historia de “Mamá Chiquita” es muy peculiar, según ella misma me contó es la mayor de cuatro hermanos y como ella los cuidaba cuando su mamá no estaba ya que tenía que salir a trabajar en el campo, recogiendo frutas, café, maíz, entonces ellos la llamaban “Mamá Chiquita” además por el tamaño.

“Mamá Chiquita” es una señora bajita, de tez blanca, ojos azules, un poco achinados, de mirada muy profunda, pelo encanecido por el pasar de los años y es de un trato muy cordial. Ha llevado una vida llena de alegrías e infortunios debido a que a los cuarenta y tres años pierde a uno de sus hijos de un infarto, a los setenta y cinco años pierde a su esposo por problemas del corazón y tres meses más tarde pierde a otro de sus hijos en un accidente de tránsito. Pero a pesar de eso, de tener  problemas del corazón, ya a sus ochenta años y de las recomendaciones del médico, de no subir y bajar escaleras, no cuidar animales y hasta de no hacer arepas, ella sube y baja el Cerro San Juan todos los Domingos para ir a misa, cuida de dos conejos, gallinas, un gallo y un perro llamado “Dominó”; además hace arepas de maíz, trigo, un delicioso pan casero y acemitas que vendió por un tiempo, pues según me dijo que siempre dejaba “fiao” pero nadie le pagaba, abusando de su buen corazón, y también vendía ají a cinco bolívares.

Vive en una casa que antes era de bahareque y actualmente se le han hecho unos arreglos, y ahora la casa está hecha de bloque y acerolí. Vive con su hija menor, su esposo e hijo.  En mi estadía en la casa de la señora Águeda ( tres días y tres noches) se esmeró por atenderme bien, siempre con una amplia sonrisa y un estilo muy particular y jocoso de hablar; a cada rato me contaba una anécdota de su vida, por ejemplo por qué la llamaban “Mamá Chiquita”, y a menudo pronunciaba expresiones como: “Me dí un singamochazo” para referirse a “me dí un golpe”, “tengo mieo” a “tengo miedo”, “usted si es fato” a “usted si es monifato”.  

      En conversación con la señora Águeda, me contó que para la preparación de este jabón se necesitaban los siguientes ingredientes: ½ kilo de manteca de cochino (pellejo), ½ kilo de planta de Coquino (jabonoso), ½ kilo de Tuna España, ½ kilo de Lejía (ceniza), ½ kilo de bicarbonato, 1 taza de cal, 1 taza de arcilla y una taza de sal. La preparación se hizo de la siguiente manera:      En una olla casera se colocó la manteca de cochino, el coquino (solamente las pepas de la planta), la tuna España, sin la concha y se le echó la ceniza la cual se había puesto a filtrar en un colador encima de la olla con un poco de agua. Luego se procedió a colocar el bicarbonato a la preparación; la olla se puso en un fogón que había en el patio trasero de la casa de la señora Águeda, y se le agregó una taza de cal con un poco de agua, y con un cucharón grande
de palo se revolvió lentamente. Todos estos ingredientes estaban puestos encima del fogón agrupados para que no faltara ninguno.
 

      Una vez hervida la preparación se procedió a remover notándose que la tuna España, el cuero de cochino, y  las pepitas de coquino se iban mermando y éstas botaban mucha espuma (por eso al coquino también le llaman jabonoso). “Mamá Chiquita” iba y venía caminando impacientemente para ver cómo iba la preparación, y de vez en cuando la removía con su cucharón de palo lentamente con la vista fija en lo que estaba haciendo y decía: “Ya va a estar listo para sacar del fuego porque el coquino está botando mucha espuma y el bicarbonato se está tragando toda la manteca de cochino”. Después se procedió a colar la preparación colocándose nuevamente al fuego, removiéndose lentamente hasta que se tornó espesa; luego se le agregó una taza de arcilla seca (ya colada) y una taza de sal.  La preparación al principio toma un color amarillento y el olor es característico a sopa de manteca de cochino, un poco desagradable; luego va tomando un color menos amarillento o blancuzco y el olor sigue igual. La señora Águeda señala que se pueden utilizar aromatizantes artificiales o naturales para suavizar y dar olor agradable al jabón.      

Después la preparación se sacó del fuego, se esperó aproximadamente diez minutos para que se enfriara un poco y luego se colocó encima de una bolsa de papel, se hizo un movimiento de manera que toda la preparación quedara de forma circular. En seguida se procedió a hacer los jabones, en este caso en forma de círculo; se obtuvo de la preparación diez jabones de tamaño pequeño que se dejaron secar al sol aproximadamente una hora, y después se envolvieron en una hoja de papel fino y en una hoja de papel transparente. Es de hacer notar que la forma que le da al jabón lo hace con sus propias manos, no teniendo un molde adecuado para ello, solo utiliza un cuchillo casero para darle forma.“Mamá Chiquita” me relató que este jabón lo aprendió a hacer por medio de su mamá, (Mamá Grande), que a su vez a ésta se lo enseñó a hacer su mamá y así sucesivamente; es decir la elaboración del jabón fue transcendiendo de generación en generación.

“Mamá Chiquita” me contó que en su niñez, por allá por El Páramo, donde vivía, se mataban muchos cochinos y del cuero o pellejo que les sacaban a los marranos, que era mucho, junto con los otros ingredientes que abundaban en esa región, hacían muchos jabones. La señora Águeda, que ya lleva haciendo este jabón por más de treinta años, me aclaró que para que el jabón pudiera elaborarse de manera satisfactoria, es decir sin complicaciones en la preparación y en los resultados, la cantidad de los ingredientes debía ser exacta, si era ½  kilo de manteca de cochino, debía ser ½  kilo de tuna España, de coquino, de ceniza y sobre todo ½  kilo exacto de bicarbonato ya que si éste varía, siendo un poco menos de ½  kilo, entonces no absorbería bien la manteca de cochino y el jabón no se endurecería cuando se dejara secar al sol.

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