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Caminantes

Blog del Taller Abrir las (J) Aulas
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¿Qué hay de nuevo?

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Los que siguen son (todavía en borrador) algunos de los relatos producidos en la última edición del taller que va terminando (marzo 2006). Faltan otros, que se irán incorporando, así como los vínculos (enlaces) a los blogs elaborados por los estudiantes del Taller de Sensibilización. Nos quedó por registrar la experiencia del grupo "AltaVoz", cuyo trabajo consistió en visitar escuelas y bibliotecas para promover la lectura de cuentos en voz alta.

26/03/2006 09:25 caminantes Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La llegada de “Los Niños”, por Ana Karina Albarrán

20060324205851-ninos1.jpgEn Santiago de Trujillo se le ha dado gran importancia a las celebraciones folklórico-religiosas. El 24 de diciembre se celebra una hermosa estampa conocida popularmente como “La Llegada de Los Niños”, que no es sino el arribo en romería de las imágenes del “Bendito Niño”, procedentes desde las di­versas comarcas de la Parroquia, el encuentro en la Plaza y la posterior entrada de los mismos en la Iglesia del pueblo. Si en horas de la tarde nos ubicamos en la Plaza Bolívar de dicha población, escucharemos el repique­teo de tambores cercanos y veremos a un buen grupo de personas, unos habitantes del lugar y otros visitantes, que se aglomeran en la plaza y sus alrededores y dirigen sus miradas hacia los cerros veci­nos, escrutando los caminos que se dibujan entre las montañas, en bus­ca  de las comitivas que acompañan a los venerados niños.
                       
Las comarcas o paramos de Cajuí, Cabimbú, El Alto de Isnarún, Cuencas, Las Rosas, Estivandá, La Cordillera de Los Ruices y Estiguates, son  honrados con la presencia de las imágenes del Bendito Niño, las cuales, entre los meses de octubre y noviembre son trasladadas en romería entre las diversas comarcas, donde, por las noches, son acompañados de música de cuatro, violines y tambores, instrumentos cuya ejecución se ha venido trasmitiendo de generación en generación. Los dueños de cada casa donde pernocta “El Niño” se esmeran en la elaboración de comidas y dulces, no faltando, por supuesto, las sa­brosas hallacas, también llamadas en estos lares, “pasteles”, acompañadas con “las carabinas” y el consabido “amasijo aliñado”, sin faltar tampoco los populares dulces de lechosa y zapallo,  conocido como cabello de ángel.
Los tambores que acompañan las ro­merías se oyen cada vez más fuerte, lo que indica su cercanía al poblado; los cohetes o “voladores”, como también son llamados en la zona, se escu­chan más cercanos y desde las calles del pueblo se observan los pequeños copos de humo producidos por las explosiones de los cohetones.    
Así sucedió este 24 de Diciembre. Como a las 6 de la tarde comenzaron a sonar los tambores y a verse las banderas avisando la llegada de los Niños.  Una multitud de gente estaba a la expectativa. De  dos calles  bajaron  cuatro Niños y de otras dos subían dos más, los cuales se unieron frente a la Iglesia donde el Padre les dio la bienvenida.
Luego comenzaron a bailarlos,  cada uno con su respectivo dueño, esclavo o alguna persona allegada a la familia.
Los niños fueron bailados de distintas maneras,  a veces los colocaban uno frente al otro y luego los retiraban para  seguir bailándolos. Después de mucho baile los llevaron adentro de la Iglesia y comenzaron a prender un árbol gigantesco de muchos fuegos artificiales que fue todo un espectáculo. A las diez de la noche, aproximadamente, comenzó la Misa y luego de terminar volvieron a bailar ya para dar por terminada  la festividad.  

Para quienes se aproximen por primera vez a esta tradición, el señor Augusto Terán explica que el nicho es un tabernáculo de madera pintado que, cuando se abre, permite ver  representados por un lado a María y por el otro a San José. Adentro está el Niño que puede ser de tablilla o de bulto,  adornado con  gran cantidad de reliquias. Cada año, en la mañana del 24 de diciembre, les hacen una limpieza. Los que son de tablilla los limpian con agua florida o con aceite de niño;  los que son de cerámica  hasta los bañan y le cambian el vestido, pero esto lo puede hacer sólo una persona que sea digna de tal privilegio. El Niño también se pide para posada, que es cuando alguien los reclama para pagar una promesa, entonces se los llevan para su casa toda una noche o algunas noches, dependiendo del tipo de ofrenda. Igualmente, los dan en velorio que es cuando le rezan hasta cierta hora de la noche, pero sin dejarlo  en casa del que hizo la promesa. Al Niño lo pueden tener todas aquellas personas que sean responsables, que no sean tomadoras y que sean creyentes.
Entrevista al Señor Augusto Terán
¿Cuántos años tiene con el Niño?
El Niño de Cabimbú tiene  conmigo como seis años.
¿Quién  es el amo del Niño?
Las dueñas son las hermanas Andara.

¿Quién es el  esclavo del Niño?
Pues yo soy, Augusto Terán.
Este Niño es de la familia Andara pero como tienen confianza en mi entonces yo lo cargo.
¿Quién era el dueño anterior del Niño antes de la familia Andara?
El primero que lo tuvo era el esclavo Adolfo González, hace más de 60 años.
¿En que fecha comenzó a salir de Romería el Niño este año?
Salió los últimos de octubre.
¿Cuántas casas recorrió el Niño hasta llegar el 24?
Muchas, antes recorría Esdorá, Soso, Las Mangas todo eso lo recorría cuando estaba el finado Adolfo, ahora sólo recorre Cabimbú.
 
¿Quién baila al Niño este año?
Lo bailará Juan Morillo, amigo de la familia.

¿Cuántos milagros ha hecho este Niño?
     Muchos.
¿Quiénes lo acompañan en esta tradición?
Todos mis muchachos y toda la gente de Cabimbú.


24/03/2006 15:58 caminantes Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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El Nazareno de Las Raíces, por Lannys Parra

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Una mañana del año 1901, en un sitio llamado Mendoza Fría, se encontraban los hermanos Espinoza, Briceño y Vieras: Juan, Ignacio, Resurrección, Pedro y Leonires Espinoza; Francisco y Policarpio Vieras; y Amador y Soilo Briceño. Por supuesto, no podían faltar las encargadas de la comida: María del Carmen Briceño, Idalina Vieras, y Juana Espinoza.

Todos ellos en una popular “cayapa”. Unos araban, otros surcaban, otros echaban las semillas en la tierra para más tarde abonarlas con la ilusión de un día recolectar sus sustanciosos frutos. Las mujeres sudando en el ardiente fogón, María pasando el maíz para obtener las deliciosas arepas, Juana e Idalina “despescuezando” las gallinas para el sabroso guisao. Cada uno concentrado en su labor, gotas de sudor recorren por las frentes de los hombres, sus espaldas se igualan al color rojo del tomate que cultivan, las escardillas, los picos y las palas, maltratan a sus manos, manos cansadas del bregar de los años. Años en los que sus cosechas han tenido días buenos y días malos, solo queda de eso “cicatrices” en sus manos y en su cuerpo, pero jamás desfallecen sus ganas de trabajar.

Resurrección, que no pensaba más que en terminar el arado, de repente observó que a unos de sus bueyes le fastidiaba algo en su casco; miró y era una piedrita del tamaño de su dedo. Luego de haber retirado la piedra, el buey volvía a sentir la molestia: era otra vez la misma piedra; exaltado tomó la piedra y se detuvo a observarla, al ver detenidamente notó en ella a una figura, fue tanta la impresión que llamó a sus compañeros para que miraran “La Misteriosa Piedrita”. Al querer tener una explicación de tan sorprendente aparición detuvieron la jornada y se dirigieron al pueblo de Mendoza Fría en busca del párroco, el padre Monsalve. Él, al percatarse de tan misteriosa piedra gritó: ¡Milagro!.

En su euforia, el padre les contó que la figura que se reflejaba en la piedra no era otro que “Jesús de Nazareth”.

Era tanta la emoción que ellos no salían de su asombro. Ese día reunieron a los habitantes de esa comunidad y decretaron  “Día de Fiesta”. Entre oraciones y cantos cada uno examinaba  la piedra, pensando que era una bendición de Dios.

Luego de cantar y rezar, Resurrección se llevó la singular piedra a su rancho de bahareque, la guardó en un baúl en donde se amontonaban los buenos recuerdos, pues él la quería conservar en buen estado, para más tarde mostrársela a sus hijos y nietos.

Desdichadamente, la lluvia destruyó su hogar dejando intacto aquel baúl que él tanto celaba. Al abrirlo observaron que la que antes fue una piedrita del tamaño de una uña, ahora era una piedra mucho más grande. Definitivamente, había crecido.

Después de morir el señor Resurrección, su hija Micaela se encargó del cuidado de la piedra. Al tiempo contrajo matrimonio con un señor oriundo de Monte Camelo. Micaela y su esposo se marcharon a “Las Raíces” de Monte Carmelo para formar su hogar en esa región. Allí trabajaron para el señor Blas Moreno y éste, al conocer la existencia de la piedra, les cedió un terreno para construir allí su primera capilla, la cual edificaron de bahareque, dándole entrada con las estaciones del vía crucis por los cerrillos de Mendoza Fría y el pueblo de Monte Carmelo. Desde entonces se observa que la piedra, por una fuerza de causa mayor, crece y crece cada día más.

A partir de este momento, el último sábado del mes de agosto de cada año, se celebra religiosamente la subida al Nazareno, acuerdo que se llevó a cabo por los distintos párrocos del Municipio, ya que había familias que vivían cerca de Las Raíces que subían cualquier día. Entonces decidieron asignar una fecha para la peregrinación, dejándose influenciar también por la época de vacaciones del mes de agosto. A esta peregrinación asisten muchos devotos Monte Carmelitanos y creyentes de todas partes del país, a pedir por una causa en especial, a orar o agradecer algún milagro concedido.

El Nazareno tiene aproximadamente 200 años. Para asombro de muchos, la señora Micaela Espinoza tenía 7 años cuando se hizo cargo de la piedra y cerca de 115 años cuando murió. Hace 40 años que partió de este mundo al encuentro con su padre, para rendirle cuentas de cómo le cuido la piedra.

Recorrido con y hacia El Nazareno

            En búsqueda de mayor información sobre el recorrido que sigue la peregrinación al Nazareno, tome la iniciativa de dirigirme hacia Monte Carmelo, para hallar a alguien que pudiera ayudarme a conocer todos los detalles de la caminata. Al primer lugar al que acudí fue a la casa cural, con la intención de que el sacerdote me relatara la tradición completa del recorrido. El prebístero me recomendó visitar al maestro Pedro Ocanto, pues él conocía mejor y más detalladamente toda la caminata.

            El maestro Pedro me contó que el Nazareno, durante el año, tiene cuatro fiestas, las cuales se realizan en ocasiones especiales. La primera caminata se realiza el 12 de Febrero “Día de la Juventud”, donde participan jóvenes de diferentes localidades de estado Trujillo. Este año por primera vez, tuve la oportunidad de subir hacia el Santuario del Nazareno, con la finalidad de finiquitar algunos detalles que le faltaban a mi investigación. El día 11 de Febrero, a partir de las cuatro de la tarde, estaba programada una concentración en la Iglesia para reunir a todos los que se disponían a marchar hasta el Nazareno; donde se iba a realizar una vigilia en compañía de los jóvenes y grupos católicos, procedentes de: Pampán, Pampanito, Santa Isabel, Valera, Betijoque; Sabana de Mendoza, además de otros. Esta vigilia era una preparación previa a la conmemoración  del Día de la Juventud; donde tenían previsto celebrar una Misa Solemne a partir de las 10 de la mañana.

            Mientras subía, aproximadamente a las 7 de la mañana, muchas personas caminaban a mi lado, supongo que al igual que yo, tampoco pudieron estar en el santuario desde el día anterior. Durante el recorrido pensé que no podría llegar al final, pues me sentía muy exhausta ya que tenía un poco más de dos años que no realizaba una marcha tan extensa, pero me encomendé a Dios y le pedí que me diera fuerza y voluntad para seguir, y así fue.

            Afortunadamente pude participar de la misa solemne que se estaba realizando. Al terminar la celebración, me dediqué a tomarle fotografías a la imagen del Nazareno, a su antigua y nueva capilla. Luego de unas horas inicie la caminata de regreso, al pueblo de Monte Carmelo.

            El segundo recorrido es llevado a cabo en Semana Santa. En esta oportunidad no son los devotos quienes suben al Santuario, por el contrario, es la imagen que es bajada hasta el pueblo el Sábado de Ramos, permaneciendo en la Iglesia hasta el Miércoles Santo, día que es dedicado completamente a Él. Durante la jornada le ofrecen una Misa Solemne y lo caminan por todas las calles de Monte Carmelo.

            Posterior a estos actos religiosos, la imagen es llevada de vuelta hacia su capilla, en compañía de un grupo de devotos de la Sociedad del Nazareno. La tercera fiesta dedicada al Nazareno, es programada para el último sábado del mes de Agosto, encuentro muy especial para muchos, ya que es la fecha central donde participa mucha más gente que en las demás caminatas.

            Ese día para mí es muy especial, porque en esta ocasión no subo con una o dos personas, sino acompañada del grupo de jóvenes de la Iglesia de Buena Vista, al cual pertenezco. Para poder efectuar este viaje se necesita una organización previa, donde se busca transporte y la comida que se debe preparar. ¡Bueno! Todo listo, decidimos la hora en que debemos estar en la Plaza de Buena Vista, que por cierto debe ser bien temprano para no perdernos de nada.

            Cuando llega el gran día, todos estamos ansiosos de subir al encuentro con el Nazareno. Nos dirigimos desde la Plaza de Buena Vista hasta Monte Carmelo; la cantidad de carros que sube es impresionante.

            Mientras llegamos al pueblo, vamos animándonos y por supuesto no pueden faltar los cantos religiosos y las dinámicas. Al llegar a la entrada de Las Raíces, que es donde se encuentra la I Estación, cada cual se dispone a recoger una piedra y colocarla allí. Esta piedra es cambiada por otra que esté en la II Estación, y así sucesivamente hasta llegar a la última y a todos les queda una piedra en la mano que pasa a ser el recuerdo de su caminata al Nazareno. De igual forma durante el camino se va rezando el Rosario y muchas otras oraciones, hasta llegar a la capilla donde se encuentra la imagen.

            Para ese día realizan una programación especial con los diferentes grupos católicos y culturales que ofrecen sus bailes, obras de teatro, canciones para la animación y mucho más.

            No se puede dejar pasar por alto que para ese día el camino esta siempre muy mojado, pues, en el mes de Agosto las lluvias están presentes en este Municipio, pero esto no es un impedimento para subir; aunque se debe tener mucha precaución al bajar para no correr el riesgo de resbalarse, ya que las bajadas son muy inclinadas.

            Al llegar al pueblo cada grupo que ha subido, se reúne en la Plaza de Monte Carmelo y emprende su viaje de regreso; luego de haber vivido una jornada llena de experiencias inolvidables.

            La última fiesta del año es en Diciembre, cuando bajan al Nazareno hasta la Iglesia del pueblo. La imagen permanece allí desde el 26 de Diciembre hasta el 1 de Enero, con la finalidad de recibir el año nuevo con sus devotos. El primer día del año celebran una misa solemne en honor al Nazareno y lo pasean por todo el pueblo, acompañado de sus cantores; estos improvisan cantos y cada uno le dedica un verso al Nazareno. Al culminar la procesión la piedra es regresada a su santuario en Las Raíces.   
24/03/2006 15:46 caminantes Enlace permanente. sin tema Hay 4 comentarios.

¿Año nuevo en el cementerio?, por Luis Fernández

20060323211417-fotos-tumbas.jpgTenía apenas seis años cuando por primera vez pasé una noche en el cementerio. A unos les pareció extraño, y a otro  asombroso… ¿por qué ir en esa fecha tan especial a aquel lugar tan extraño? Yo fui porque me llevó mi mamá, ya que trece días antes falleció mi abuela materna y en mi pueblo, un territorio que lleva por nombre Sabana de Mendoza, cuando alguien muere por esas fechas se acostumbra a ir al cementerio el treinta y uno de diciembre. Aún cuando la mayoría lo hace en el transcurso del día, otros, como fue el caso de mi familia en aquel año, lo hacen durante la noche, en la propia hora del advenimiento del año nuevo. Recuerdo lo extraño y grotesco que me pareció aquella escena. Todos mis familiares alrededor de la tumba de mi abuela materna, despidiendo con lágrimas vivas un año que se iba y otro que recién llegaba.
            Ese año, como todos los anteriores, me vistieron temprano. ¡Cómo olvidar la ropa! Una camisa horrible negra y marrón, un pantalón oscuro y unos zapatos tan brillantes que, desde la altura de mi cabeza, podía ver mi rostro. Todo transcurrió para mí en un ambiente de tristeza ya que no podía jugar con los juguetes que discretamente me habían dado la noche de navidad; menos aún jugar con fuegos artificiales, tal y como lo hacían los demás niños de mi edad. No me dejaban hacerlo bajo el argumento de que estábamos de luto. Yo no podía entenderlo, porque realmente no sabía qué significaba todo aquello.  De vez en cuando me escapaba a la casa de unos vecinos, y recuerdo que en una de esas escapadas me encontraron y me regañaron, luego, me sentaron en una silla hasta llegada la hora de ir al cementerio.
            Llegó la hora de partir al cementerio. Caminamos en silencio saludando a una que otra persona que nos encontrábamos en el camino, los ojos de mi madre brillaban como un lucero, y yo me preguntaba; ¿por qué llorar en esa fecha?  No sabia lo que realmente estaba pasando... Al llegar a la puerta del cementerio caminamos hacia la tumba de mi abuela. A lo lejos se escuchaba la música y el ruido estruendoso de los cohetones… era la alegría del año que se iba y a el otro que llegaba; pero a mi alrededor se dejaban oír solo llantos. A medida que transcurrían los minutos, me embargaba más el miedo, pues imaginaba a los muertos levantándose desde ultratumba y agarrándome por las piernas. Hubo un momento en que no pude resistir más y comencé a llorar.
            Mi mamá me tomó entre sus brazos, y a lo lejos pude ver una luz que desde una torre contigua alumbraba la tumba de mi abuela, En la oscuridad se podían divisar infinidad de familias alrededor de la “tumba” de sus seres queridos. Otros, al igual que lo habíamos hecho nosotros momentos atrás, estaban apenas llegando y caminaban en medio de la oscuridad por aquellos caminos de tierra, llenas de recuerdos dolorosos.
            Al llegar al sitio donde reposaba el cuerpo de mi abuela, nos colocamos alrededor de la tumba, sobre ella mis familiares pusieron velas encendidas y un plato con hallaca, pan de jamón, pernil, ensalada de gallina y un vaso grande de ponche crema porque a mi abuela le gustaba mucho. Aquello fue algo muy extraño. Todos vestían ropa negra, la tumba sólo tenía una placa de cemento y una cruz cuya inscripción no me resultaba nada clara. En aquel momento todo era llanto, todos lloraban, mientras yo, desde mi inocencia y en silencio, miraba alrededor sin decir palabra alguna. Una voz dijo entrecortada: “ya van a ser las doce” y el llanto se hizo más recurrente y estruendoso. Me incluyo entre los que lloraban aunque no sé por qué lo hacia. Recuerdo que mi hermana me dijo: “pídele la bendición a la abuela”. El llanto se confundía con el ruido de los cohetones  que comenzaron alumbrar el cielo como una gran luz  y se podía ver todo más claro en el entorno, aunque una oscuridad sin nombre parecía cernirse en mi pensamiento. Así transcurrieron otros años, ya que mi abuelo materno murió la navidad siguiente. Con el transcurrir de los años fui creciendo y haciéndome más consciente, y fue así como pude percatarme de que otras  familias vecinas, como los Aguilar, los Salas, los Urbina, los León,  los Gil  que iban al cementerio a despedir el año viejo junto a sus familiares y el ritual tendía a la perpetuación.
            Preguntando por qué ellos también iban al cementerio encontré que la mayoría se aferraba a los recuerdos y la fidelidad hacia sus familiares muertos, y otros por que se le han muerto familiares en los últimos meses del año… Todos decían lo mismo: “es que él era muy bueno” o “ella se sacrificó mucho por nosotros”. En el caso de la familia Aguilar se le había muerto un integrante joven de la familia, fue una adolescente que partió el 16 de diciembre a Maracaibo a comprar la ropa de sus estrenos y en el momento de bajar del autobús le dio un infarto; el de Matilde Salas fue muy doloroso e inoportuno ya que murió un treinta y uno de diciembre del año mil novecientos noventa y cinco a las diez de la noche.
            Así hemos pasado muchos “Años Nuevos” alrededor de la tumba de mis abuelos, ya que ambos están enterrados en el mismo sitio. Últimamente pasamos primero a la casa donde vivían ellos y luego hacemos el recorrido hasta el cementerio a llevarles su comida. Es cierto que ya no vamos todos a la misma hora, unos van en el transcurso del día y otros lo hacemos después de la media noche... A pesar de los años transcurridos no ha dejado de asombrarme aquel extraño espectáculo del cual soy parte: los grupos de familias que entre lágrimas y abrazos reciben el nuevo año en el cementerio.

 

23/03/2006 16:14 caminantes Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

El jabón de Mamá Chiquita, por Yoamary Daboín

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 El día viernes veinte de enero de dos mil seis, me trasladé hacia el Municipio Carache en el Cerro San Juan, a la casa de la señora Águeda María Luque viuda de Valera conocida cariñosamente como “Mamá Chiquita” con el propósito de recolectar información acerca de la preparación y elaboración de un jabón antibacterial.  La historia de “Mamá Chiquita” es muy peculiar, según ella misma me contó es la mayor de cuatro hermanos y como ella los cuidaba cuando su mamá no estaba ya que tenía que salir a trabajar en el campo, recogiendo frutas, café, maíz, entonces ellos la llamaban “Mamá Chiquita” además por el tamaño.

“Mamá Chiquita” es una señora bajita, de tez blanca, ojos azules, un poco achinados, de mirada muy profunda, pelo encanecido por el pasar de los años y es de un trato muy cordial. Ha llevado una vida llena de alegrías e infortunios debido a que a los cuarenta y tres años pierde a uno de sus hijos de un infarto, a los setenta y cinco años pierde a su esposo por problemas del corazón y tres meses más tarde pierde a otro de sus hijos en un accidente de tránsito. Pero a pesar de eso, de tener  problemas del corazón, ya a sus ochenta años y de las recomendaciones del médico, de no subir y bajar escaleras, no cuidar animales y hasta de no hacer arepas, ella sube y baja el Cerro San Juan todos los Domingos para ir a misa, cuida de dos conejos, gallinas, un gallo y un perro llamado “Dominó”; además hace arepas de maíz, trigo, un delicioso pan casero y acemitas que vendió por un tiempo, pues según me dijo que siempre dejaba “fiao” pero nadie le pagaba, abusando de su buen corazón, y también vendía ají a cinco bolívares.

Vive en una casa que antes era de bahareque y actualmente se le han hecho unos arreglos, y ahora la casa está hecha de bloque y acerolí. Vive con su hija menor, su esposo e hijo.  En mi estadía en la casa de la señora Águeda ( tres días y tres noches) se esmeró por atenderme bien, siempre con una amplia sonrisa y un estilo muy particular y jocoso de hablar; a cada rato me contaba una anécdota de su vida, por ejemplo por qué la llamaban “Mamá Chiquita”, y a menudo pronunciaba expresiones como: “Me dí un singamochazo” para referirse a “me dí un golpe”, “tengo mieo” a “tengo miedo”, “usted si es fato” a “usted si es monifato”.  

      En conversación con la señora Águeda, me contó que para la preparación de este jabón se necesitaban los siguientes ingredientes: ½ kilo de manteca de cochino (pellejo), ½ kilo de planta de Coquino (jabonoso), ½ kilo de Tuna España, ½ kilo de Lejía (ceniza), ½ kilo de bicarbonato, 1 taza de cal, 1 taza de arcilla y una taza de sal. La preparación se hizo de la siguiente manera:      En una olla casera se colocó la manteca de cochino, el coquino (solamente las pepas de la planta), la tuna España, sin la concha y se le echó la ceniza la cual se había puesto a filtrar en un colador encima de la olla con un poco de agua. Luego se procedió a colocar el bicarbonato a la preparación; la olla se puso en un fogón que había en el patio trasero de la casa de la señora Águeda, y se le agregó una taza de cal con un poco de agua, y con un cucharón grande
de palo se revolvió lentamente. Todos estos ingredientes estaban puestos encima del fogón agrupados para que no faltara ninguno.
 

      Una vez hervida la preparación se procedió a remover notándose que la tuna España, el cuero de cochino, y  las pepitas de coquino se iban mermando y éstas botaban mucha espuma (por eso al coquino también le llaman jabonoso). “Mamá Chiquita” iba y venía caminando impacientemente para ver cómo iba la preparación, y de vez en cuando la removía con su cucharón de palo lentamente con la vista fija en lo que estaba haciendo y decía: “Ya va a estar listo para sacar del fuego porque el coquino está botando mucha espuma y el bicarbonato se está tragando toda la manteca de cochino”. Después se procedió a colar la preparación colocándose nuevamente al fuego, removiéndose lentamente hasta que se tornó espesa; luego se le agregó una taza de arcilla seca (ya colada) y una taza de sal.  La preparación al principio toma un color amarillento y el olor es característico a sopa de manteca de cochino, un poco desagradable; luego va tomando un color menos amarillento o blancuzco y el olor sigue igual. La señora Águeda señala que se pueden utilizar aromatizantes artificiales o naturales para suavizar y dar olor agradable al jabón.      

Después la preparación se sacó del fuego, se esperó aproximadamente diez minutos para que se enfriara un poco y luego se colocó encima de una bolsa de papel, se hizo un movimiento de manera que toda la preparación quedara de forma circular. En seguida se procedió a hacer los jabones, en este caso en forma de círculo; se obtuvo de la preparación diez jabones de tamaño pequeño que se dejaron secar al sol aproximadamente una hora, y después se envolvieron en una hoja de papel fino y en una hoja de papel transparente. Es de hacer notar que la forma que le da al jabón lo hace con sus propias manos, no teniendo un molde adecuado para ello, solo utiliza un cuchillo casero para darle forma.“Mamá Chiquita” me relató que este jabón lo aprendió a hacer por medio de su mamá, (Mamá Grande), que a su vez a ésta se lo enseñó a hacer su mamá y así sucesivamente; es decir la elaboración del jabón fue transcendiendo de generación en generación.

“Mamá Chiquita” me contó que en su niñez, por allá por El Páramo, donde vivía, se mataban muchos cochinos y del cuero o pellejo que les sacaban a los marranos, que era mucho, junto con los otros ingredientes que abundaban en esa región, hacían muchos jabones. La señora Águeda, que ya lleva haciendo este jabón por más de treinta años, me aclaró que para que el jabón pudiera elaborarse de manera satisfactoria, es decir sin complicaciones en la preparación y en los resultados, la cantidad de los ingredientes debía ser exacta, si era ½  kilo de manteca de cochino, debía ser ½  kilo de tuna España, de coquino, de ceniza y sobre todo ½  kilo exacto de bicarbonato ya que si éste varía, siendo un poco menos de ½  kilo, entonces no absorbería bien la manteca de cochino y el jabón no se endurecería cuando se dejara secar al sol.

23/03/2006 16:01 caminantes Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

La historia de Katerín, de Minerva...y la mia

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            Mi historia comienza con una visita  que hicimos unas compañeras de estudio y yo   al Instituto de los Servicios Educacionales “SERN” ubicado en el sector Santa Rosa, Municipio Trujillo, estado Trujillo, en una actividad de Autodesarrollo Social. Este Instituto presta atención a niños con desnutrición y maltrato físico y psicológico.

            Tuve la oportunidad de conocer allí a Katerín, una pequeña de cuatro años. Ella se encontraba ya recuperada de una desnutrición moderada, su cuerpecito mostraba con cicatrices el maltrato físico al que fue sometida por sus progenitores.

            Katerín es ciega del ojo izquierdo, presenta una catarata  congénita total, con posterior estrabismo,  como consecuencia de haber nacido en un parto extrahospitalario sin atención médica.  Esta catarata sólo puede ser corregida con una intervención quirúrgica que remueve la catarata y coloca un lente intraocular.

           

 No me imaginaba la historia detrás de la niña. ¡Quiso el destino que yo la supiera!

            En el grupo que realizó la visita, iba Minerva. Días después ella me pide que la acompañe al Tribunal de Protección del Menor. Me alegré mucho cuando la escuché decir que quería adoptar a Katerín.

            Fuimos a ese sitio unas cinco veces más. En cada visita Minerva llevaba unos requisitos que en la visita anterior le habían pedido.

            Paralelamente a esto, Minerva, su hija Celina y yo, visitábamos a Katerín en el Instituto. ¡Que gusto ver su carita feliz al vernos llegar! Nunca llegamos con las manos vacías: una chupeta, una  manzana, unos creyones, una muñeca, en fin..., cada regalo producía una pequeña sonrisa que era más de lo esperado porque Katerín era muy tímida, muy introvertida. Ver un destello de luz en sus ojitos era una gran conquista.

            Celina rompía el hielo, jugaba con ella, le leía cuentos, jugaban la ronda, hacían cosas de niñas, mientras Minerva y  yo sólo observábamos. Así pasó un mes, entre visitas al tribunal y visitas a Katerín.

            Descubrimos la historia triste de Katerín a través de rastreos de los sitios donde había vivido la niña,  con testimonios tomados de personas que la conocían, con algunas actas que están en la oficina del  Consejo de Protección del Niño, Niña y Adolescentes y con los expedientes del  Tribunal de Menores.

            No tenía partida de nacimiento. Había sido maltratada físicamente por su padrastro varias veces, según consta en actas de la oficina del Consejo de Protección del Menor,  y por si esto fuese poco, había sido abandonada junto a sus cinco hermanos en el “Relleno Sanitario” ubicado en el sector Jiménez, municipio Pampanito, estado Trujillo. Allí la  consiguen funcionarios del Estado. Las  autoridades llamaron a sus familiares maternos y paternos para entregarles a los niños. Sólo  una tía materna recibió al menor de los varones, los otros no tuvieron dolientes ni nadie que quisiese hacerse responsable de ellos. Aquí, con apenas dos años se inicia el sufrimiento de Katerín, que  queda  en manos del Estado, sin familia.

            Al mes de estar visitando a Katerín, y una vez cumplidos todos los requisitos exigidos por el Tribunal, Minerva me llama un día para ir a buscarla.  Nos la entregan entre lágrimas y besos y sin nada. Tuvimos que llevarle ropa y zapatos para  podérnosla llevar.  Para dar con la identidad de Katerín visitamos el hospital de Trujillo, el Seguro Social, los ambulatorios de Flor de Patria y Pampán, donde ella era concida porque deambulaba las calles,  tanto de día como de noche acompañada en ocasiones por la  misericordia de algunos vecinos que, con permiso de la Consejera de Protección al Menor,  se la llevaban  a pasar una noche “bajo techo seguro y con la barriguita llena”, pero era sólo eso, una noche. Recorrimos también  los ambulatorios de Pampanito, Pampanito II, Butaque, Monay y por fin en el de Jiménez conseguimos a una enfermera que recordaba un caso de un parto extrahospitalario ocurrido en el sector en el año 2000. Con esta información acudimos al departamento de Epidemiología de la Sanidad de Trujillo a buscar en los archivos de nacimientos vivos. Allí apareció la constancia de nacimiento de Katerín “Hernández”. Con esta constancia,  la juez emitió una orden para el Registro de Pampanito II, en la Alcaldía de Pampanito.  Allí Minerva y yo le dimos IDENTIDAD a Katerín, digo le dimos porque yo fui testigo de este acto, mi nombre aparece en esa partida de nacimiento y me siento muy feliz por eso.

            Con la partida de nacimiento en la mano, el segundo paso fue inscribirla en la escuela porque  ya podía estudiar. La inscribimos en el Jardín de Infancia “Rosario Almarza”.

            Atrás ha quedado su sufrimiento. Me imagino los días y las noches que pudo haber pasado en medio de basura, soledad, perros y zamuros. Imagino también sus experiencias en las calles, ¿cómo dormiría?, ¿qué comería?. 

            Al lado de Minerva ya celebró su primer cumpleaños con sus compañeros de escuela, sus hermanos sustitutos y yo. Ya celebró también su primera navidad, ya recibió sus primeros regalos del niño Jesús. Tiene un cuarto rosado con muchas flores, tiene su cama, sus muñecas y lo más importante  una “familia sustituta” como la llama el Estado. Por lo que he observado, ahora vive feliz.

            Viajó a Cuba con Minerva para ser operada a través  de la Misión Milagros, pero no fue intervenida, aún espera por eso.

            Vivo, cuando visito a Minerva, las alegrías, las ilusiones y las esperanzas de una niña que ahora mira a la vida de otra manera. Vivo ese destello de luz que apareció en sus ojos el día que la buscamos en la “casita azul”, como bautizamos al instituto en nuestra actividad de autodesarrollo. Vivo ese destello que espero no ver desaparecer jamás de sus ojos.

            Ahora forma parte de una familia que la quiere, escucho sus carcajadas que ya silenciaron la timidez y la tristeza del maltrato sufrido.

            Cuento esta  historia porque me agradó ser parte de esta vivencia  donde me acerqué un poco más a los valores humanos al descubrir personas que ven más allá de lo obvio y hacen suyos los problemas sociales. También descubrí que como estudiantes somos sensibles ante  la problemática social y que  entre los compañeros del día a día hay personas que a veces nos sorprenden con sus acciones solidarias y nos dan lecciones.

            Aprendí que no vamos a la Universidad  sólo a buscar un título. Si fuese así, tendríamos una experiencia universitaria parcial o hasta mediocre. En la Universidad aprendemos no sólo en las aulas, sino en el diario compartir con nuestros profesores y compañeros.

23/03/2006 15:30 caminantes Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Tres sueños para una historia, por Yoali Medina Angel

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 En el mes de octubre del 2005, en una de las salas de exposiciones  del museo “Salvador Valero” descubrí que la persona que yo creía ser no existe. Todas las mañanas desde esquinas diferentes (la del Conte y la de la biblioteca pública ) se escuchaba el eco de tres voces que repetían lo mismo “café-café”__  “ café- café”, eran los cafeceros de Pampan, que iban a encontrarse con su día a día, empezando con el saludo discreto, dando la vuelta al escritorio y terminando en la espalda de la “ Mujer de América” ( una de las esculturas que estaba en  exposición en el museo) para esconder  los bolsitos donde metían los termos; bolsitos hechos a mano con apariencia tristemente desgastada y olor imposible de esconder...

     Hola Yoali ¿podemos guardar los bolsos...? ¿ya tomates cafecito? ¿Queréis uno? A diablo, está muy hirviendo... Nos vemos ahora decían los tres.
    Cada uno en su estilo se dio a conocer, sin apuros, sin cafecitos obligados, sin malcriadeces, eso sí, con mucha ternura apenas asomada y montones de suspiros que terminaban en: vos si sois chévere y buena, no como el de enfrente...  Este personaje, con uniforme, pistola en la cintura y cargo de vigilante, después que compró varios cafés, le negó la entrada a uno de estos niños y sin explicación alguna humilló y le aseguró una pela segura al momento de llegar a casa. (Sólo eran mil doscientos bolívares, y pensar que por esta insignificante cuenta los cafeceros se ganaron muchos correazos ). Al día siguiente lo primero que me contó uno de ellos fue: desde la entrada oía las chinas chillar y cuando mamá me vió me dio una zaparapanda e palo que hoy no siento ni el rabo...
    Así, sin proponérmelo, los fui conociendo uno a uno, aprendiendo de cómo viven tan rápido, tan diferente a otros niños que me rodean, con tanta fuerza y ganas de salir a un adelante que no se ve, pero que los absorbe sin avisar y me recuerda pedacitos de una canción de Fito Paez que se llama mariposas technicolor :

    ...Vi sus caras de resignación, los vi felices llenos de dolor...    ...La melancolía de morir en este mundo y de vivir sin una estúpida razón...   

    En sólo cinco minutos la mirada de José Gregorio “Goyo”, con orgullo de general, cambió mi vida o por lo menos movió mi sensibilidad ya fracturada.  Digo “fracturada” ya que el vacío de sentimientos y el morral invisible de materialismo; unido a podridos prejuicios sociales, no me dejaban ver lo rica, maravillosa y a la vez impredecible que es la vida en la calle, pero no la calle cualquiera, la que siempre veo , sino la que regaña sin gritar , desgasta sin avisar y quiebra sin tocar.

    Son tres infantes con personalidades propias y alegrías que se reflejan cuando no queda ni una gota de café, que para ellos es el verdadero oro negro, no como el de nosotros, que nunca vemos ( aunque ahora “y que” es de todos)  y por el que tanto se pelea hoy en día.

    Al decir que me cambió la vida es porque en segundos se me cayó la sombra rutinaria y vi almas inocentes que irradiaban luz; dentro de mí se encendieron pasiones que me sacudieron hasta la conciencia, no para penetrar su intimidad, sino que por primera vez apreté mi mente con un secreto: humildad, paciencia y puño cerrado... para no decir lástima,  para no seguir dejando entrar la contaminación bestial que acechaba mi cerebro.

    Me estallaron los pensamientos y volé más allá de los sueños de estos niños, despertando en la dura verdad que es su vida, la que se llevará su inocencia antes de tiempo, y fugazmente los desconectarán de su hogar y se asociarán a la calle, no como callejeros si no como habitantes invisibles de ella.

    Menos mal que mi rabia con la calle se esfumaba con la llegada de Cecilia “la del medio”, Chiquitica, como si fuera una pulguita se paraba en la inmensa puerta de madera y con su sonrisa me  regalaba su cariño y me mostraba su inquieta curiosidad: teneis celular... pa ver tu cartera... yo tengo uno que me conseguí pero está roto, sí quisiera uno rosado... de esos con pilas...

     Pero con quien me pegué más fue con Ana “la mayor” , que como por arte de magia llegaba en los momentos en que yo más la necesitaba, ( yo, a su edad, ni café tomaba y en vez de trabajar me encerraba entre muñecas, hablando sola, quizá extrañando a alguna imaginaria hermana). La conocí un domingo solitario en la entrada del museo, entre tantas obras populares caminaba y sólo con mirarla descubría que algo la inquietaba, a pesar de su viveza y del regalo que su apariencia me regalaba: bosques de trigo en sus cabellos y caminos de amatistas en su mirada, salió su voz quebrada, rogando que si no le prestaba el baño se desmayaba. Así me convertí en su mejor amiga, su confidente y extrañamente descubrí que ella se había convertido en una de mis amigas.

    Al escuchar y conocer medio- medio los sueños y posibles aspiraciones de estos tres guerreros, abrí mi mente, cerré mis ojos y descubrí que tenía veintisiete años viviendo como zombi, cegada a una realidad que brota como monte y se muere en el anonimato.

       Digo anonimato ya que¿ cuántas veces vemos niños en la calle vendiendo café, lavando vidrios en los semáforos, pidiendo platica en la panadería, vendiendo chucherías en las busetas repitiendo que cien bolos no enriquecen ni empobrecen a nadie...; y nos hacemos los ciegos ante una cadena que crece detrás de nuestra espalda y muere teniéndola al frente?.

    Y me atrevo a llamarlos guerreros porque para mí lo son, salen a cada jornada de trabajo con sus armas que son los termos, sus bolsitos para guardar sus municiones, su corazón como escudo y sus bolsillos para guardar su recompensa.

    No me propongo a cambiar la vida de los hermanitos de Hoyo Caliente, los supervivientes cafeceros, ese es el verdadero nombre que deben tener, ya que vivir en un mundo donde cada día hay que luchar contra el tiempo y contra uno mismo, no debe ser fácil para estos mañaneros.

    Sólo quiero compartir lo mágico y asombroso que es soñar con deseos, sin avaricia, sin poder absoluto, sin rencor, sin envidia, sin miedo, sin dinero, sin imposibles, mirar todas las cosas que tenemos y compartir las más queridas, imaginar locamente cosas que no se pueden tener, despertar a las cinco tarde, recoger termos y a Pampan volver.

    No es fácil describir los sueños de unos niños que sólo duermen para recuperar fuerzas , despertar con aroma a trabajo y tratar de caminar más saltaito para no gastar la suela ya desgastada.

    Qué sencillo fue conocerlos, la misma hora y el mismo lugar todos los fines de semana, desde un simple saludo hasta que llegaron los abrazos y las confidencias; que bonito es sentarse a hablar y oír a alguien que por primera vez  es escuchado, con los tres tenía momentos de rochela, de estudio; de explicarles las obras del museo : fueron mis mejores invitados, los más sinceros, que cómico era cuando un cuadro no les gustaba: ... que vaina fiera, eso parece de locos... risas risas risas... quien va comprar esto... me gusta el muñeco del libertador, pero no tengo ni medio... y más risas risas ...

    Con ellos no tenía tiempo de aburrirme, además de que me gustaba el trabajo ( no hacía nada) tenía mucha compañía  durante las diez horas de trabajo. Con Gollo eran conversaciones serias, leíamos el diario El Tiempo juntos y me contaba: ... puras mentiras, mi mamá compra lotería todos los días porque le hace caso a los dibujos que salen en este periódico, y nunca se ha ganado ni una puya...  y del horóscopo  contestaba: ...yo soy chiquito, pero serio, esa vaina es de brujería, zape gato, los hombres no leen eso...  con curiosidad y tapándose medio medio con el periódico me preguntaba: vos si creeis?

          Viví una experiencia desagradable el día en que el vigilante lo trató mal, yo estaba ahí, fue muy injusto, me dio rabia de la grosera e impotencia al no poder hacer nada; Gollo tranquilamente cruzó la calle , se sentó a mi lado, me ofreció un guallollito y  enterró su mirada. 

    Yo no le decía nada, pero me moría por abrazarlo,¡ Que tristeza sentí ¡Pero me impactó cuando el vigilante lo llamó de nuevo y le hizo señas de que le iba a pagar. Qué mirada de orgullo y que voz tan dura: no no no , que no me pague, a lo mejor necesita esos riales, pierdo mil bolos,¿ Pero cuánto vale la cerrada de puerta? Eso no se paga con plata... no no... Y, como si nada, se quedó ahí sentado, sin dar su brazo a torcer.   

 Fue con Ana con la que compartí más, hasta tuve que muy amablemente rechazarle un trozo de queso. Pudo más mi miedo a las uñitas sucias que mi sensibilidad: ... queréis quesito, sí tá bueno...umm rico, probá... Me dije: bueno chica,¿ no y que no sentías asco? Todavía no me respondo.  Otro día ella me invitó a comer a su casa, quería presentarme a su mamá. Bajamos ella y yo, pero al llegar a Pampan fuimos primero a casa de mi novio, le conté para donde iba y solito se invitó. Caminamos como cinco cuadras hasta llegar a un caminito, yo pensaba que era el final de la calle, pero no que va, empezaba el barranco: ...pa bajo yoa, pa bajo floja, no tenga miedo...allá ta mi casa, hasta le brilla el techo porque vinites... risas risas... creites boba, es el macho sol que le pega al cinc... En la puerta estaba la mamá, joven, como de unos treinta y piquitos, y cara de pocos amigos; por fin medio sonrió y nos dijo pasen, usted es yoali, esta niña sí la nombra... Fue una visita agradable hasta que llegó otra prueba dura: la hora de la cena, cómo me negaba, Ana, emocionada, me describía el menú: papitas sancochadas, las vuelvo puré, le hecho cilantrito y aceite onotao  pa que mojéis la arepita. Me quedé en silencio, miré a mi pareja y él con gesto tierno me dijo: prueba un poquito e inclinó la cabeza como queriendo decir pues, qué más... Cenando escuche un llanto, de la mesa de pantri se para Ana ,  se va a un cuarto y sale con una bebé, es la hermanita más pequeña . Pensé: Dios, otra niña, otra vendedora de café para la calle del Matacho...

    A pesar de lo lejos de la casa, de lo humilde y de la inesperada cena, todo salió bien. La casita es mínima, pero limpia, muebles de paleta, puertas de latón, un corcho con los boletines de la escuela (cuando estudiaban), vajilla de peltre y una repisita con San Benito.

    Otro fin de semana, de vuelta en el museo, descubro el gran deseo de Ana: ... yo lo que sueño es con ser bailarina de ballet... y con un gran suspiro y sacudiendo sus rizados cabellos me lo repetía: ... quisiera ser bailarina de ballet, quisiera ser bailarina de ballet... y dando vueltas con las manos extendidas decía: ...me encanta bailar, me encanta bailar... se me van las piernas solitas... Al verla soñar me preguntaba a mí misma ¿Cuál fue mi sueño a esa edad? Mi mente se quedó en blanco. Y no hubo respuesta. Verla  disfrutar esos minutos de sueños borraba cualquier recuerdo de mi mente, era ella la única protagonista, más importante y valiosa que todas las obras juntas...

    Llegó el último sábado en el museo, mi contrato casi terminaba ¿ como se los decía?.  Decidí esperar hasta el último día, así disfruté oyendo los sueños más tiernos e inesperados. Echando bromas, Cecilia me mira y me dice que su sueño más querido: ...queremos termos nuevos, de los finos, los de marca aladino.... y Gollo, con  picardía  dice: yo lo que quiero es una bicicleta o tener las rodillas mas grandes...

    Difícil decirle a Ana que ya no iba a volver al trabajo, no sabía como explicarle que el contrato era con el museo, pero que nuestra amistad  no era negociable, que no tiene precio ni límite de tiempo. Se puso seria y me dijo: ...a mí siempre me dejan de hablar porque soy muy peliona, tú te vas, pero yo sigo viniendo pal centro... Se fue brava, pero al ratito volvió y me dijo:  todos los días te voy a llamar y te prometo que la que venga a trabajar pa´ ca, no la voy a tratar tan bien... Así nos despedimos y quedamos en vernos el lunes en la parada .

    Semanas después, un lunes al mediodía, salí de un laboratorio con el positivo de embarazo en mi mano. ¡ Qué sola me sentía! Tenía miedo del cambio que me venía encima y caminé por el centro sin mirar nada ni a nadie, sólo buscaba esa carita dulce de Ana, la amiga que necesitaba en ese momento y la encontré... Era la única que no me iba a juzgar y que con inocencia se iba a alegrar.        Después de tantas cosas, sueños, miedos...etc, todo salió bien. Los cuatro seguimos en contacto , nos vemos a menudo, me acompañaron a comprar el primer regalo para mi bebé, les regalé hallacas en navidad y unos creyones; en enero compartimos en las fiestas de serenata a San Benito ,en Pampan, y así muchas cosas más. Por eso repito : haberlos conocido fue maravilloso y nuestra amistad no tiene contrato.  
 

23/03/2006 15:17 caminantes Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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